¿Pero qué es lo que ha llevado a Estados Unidos a tener un sistema ferroviario similar al de principios del siglo pasado? Varias son las razones. Para empezar, el país lleva más de 100 años sin invertir seriamente en infraestructuras. De hecho,
en el año 2000 había los mismos kilómetros de vías de tren que en el año 1881. Además, las vías actuales no pueden soportar trenes muy rápidos, por lo que la velocidad máxima permitida a los trenes de Amtrak, la Renfe estadounidense, es de 127 km/h, con la excepción del Acela que conecta Boston - Nueva York - Washington, DC, a 177 km/h. Claro que generalmente no se alcanzan los 127 km/h — sólo se da esta circunstancia en los trenes más rápidos, y puntualmente—. Lo normal es que no superen los 100 km/h y desde la ventanilla veas frustrado cómo los coches te adelantan.
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