Hay en economía un concepto más enérgico que el de
recesión para explicar lo que está sucediendo:
depresión. La depresión es más grave y duradera que la recesión, y se manifiesta en el frenazo en seco de la actividad, la debilidad de la demanda, la contracción del comercio internacional, el incremento del paro, la caída del poder adquisitivo, etcétera, todos ellos procesos muy dolorosos y contrarios al progreso. Pues bien, el profesor de Economía de la Universidad de Nueva York Nouriel Roubini, el
gurú que se ha hecho famoso por haber anticipado la crisis financiera que se inició con el estallido de las hipotecas
tóxicas, ya ha utilizado el
concepto de depresión como síntoma de lo que ocurre en la economía a escala planetaria. Hace unos días escribía Roubini: "No podemos descartar un fracaso sistémico y una depresión global. (...) Se corre el riesgo de un desplome del mercado, una debacle financiera y una depresión mundial". El economista plantea que más que una coyuntura en forma de
V (caída y pronta recuperación) estamos en otra en forma de
U (caída en la que la economía se mantiene un tiempo, para luego ascender), o quizá en forma de
L (caída y letargo a largo plazo).
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