"La inmundicia es riqueza", se dice en Nápoles. Para demostrarlo,
4.200 toneladas de basura inundaban ayer otra vez la ciudad. Las hogueras humeaban en el centro, la periferia y el campo. La población volcó contenedores, cortó calles y vías ferroviarias e incendió un centenar de montañas de desperdicios. Grupos de guerrilla urbana, subidos en las inevitables
vespinos, lanzaron piedras contra los bomberos y la policía. Aunque la empresa de basuras ha recogido 2.000 toneladas en las últimas horas, la situación es terrible en la capital y la provincia. El caos preside la ciudad y un olor nauseabundo lo impregna todo.
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